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Album Reviews

Un disco es mi mejor amiga

¿Quién es una mejor amiga sino esa persona que te acompaña en buenos y malos momentos? Aunque suene a cliché, Dragging a Dead Deer up a Hill ocupa ese lugar en mi vida.

Valentina Sander··11 min read

Créditos: Kirstin Roby para DAZED

No recuerdo cómo sucedió, como pasa muchas veces con amigas: empezás a juntarte con desconocidas y cuando querés acordar formas un vínculo indestructible. Así me pasó con este disco. Lo único que recuerdo es escucharlo de madrugada, a las 04:15, yendo a Buenos Aires para encontrarme con la persona de la que estaba profundamente enamorada.

Al comienzo, fueron meses muy duros. Estaba muy nerviosa pensando en que no funcionaría, que la otra persona no iba a poder sostener salir con alguien dividida por el Río de la Plata. El disco empezó a calmar mi ansiedad por el reencuentro y el desencuentro que conlleva mantener una relación que durante los meses de estudio fue casi a distancia. Además de esto, noté que me ayudaba a dormir mejor si lo dejaba en un volumen bajo, de fondo, mientras (también de fondo) amanecía en Colonia.

Dragging a Dead Deer Up a Hill fue lanzado en 2008 por Grouper, proyecto musical de Liz Harris. La artista se estará presentando en setiembre en Buenos Aires en el Teatro Margarita Xirgu. Tomando como excusa lo que promete ser uno de los grandes eventos del año, me atrevo con mucha vergüenza a escribir algunas palabras sobre lo que genera en mí este disco.

Preferiría estar durmiendo

El escuchar el disco por la madrugada se volvió un hábito, llegando al punto de que no podía dormir durante el viaje si no lo escuchaba. Luego, no podía dormir ni en mi casa sin escucharlo. Esto, al comienzo, se me presentaba como un problema: ¿cómo me puede gustar tanto un disco que me hace dormir? Pero, pensándolo bien, no es un demérito. Sus canciones te envuelven, funcionan como un péndulo que te va induciendo a la hipnosis y te transporta a un mundo igual de melancólico que el que vas dejando atrás, pero desfigurado, como un sueño, o el mundo visto desde un espejo (no sólo por el cambio de perspectiva, sino también por verme reflejada en sus canciones).

Fue el disco que abrió la puerta a que pudiera dormir escuchando música y, como todo disco es distinto, cada uno genera algo diferente en mí. Pero ninguno como este. Al relacionarlo con la madrugada, cada vez que viajaba de día intentaba buscar un reemplazo, uno un poco más ’‘alegre’’ (o ’‘soleado’’). Vaya a saber por qué, pero lo encontré en Suntub de ML Buch.

Dejando de lado lo amoroso, es un disco que también me acompañó durante el duelo por el fallecimiento de mi abuelo. Noches en vela sólo acompañada por la casa vecina vacía y sus luces apagadas, un dolor en el pecho y un llanto incontrolable hubieran sido mi único destino si no fuera por este disco. Todas las noches durante los cuatro meses que más pesó el duelo, Dragging estuvo para mí y me hizo compañía.

Pero este disco no sólo estuvo presente en momentos tristes, sino en los más felices. Los viajes empezaron a hacerse costumbre, el vínculo parecía tornarse cada vez más estable. Comencé a hacer cada vez más amistades en el país vecino y a construir mi propio segundo hogar. Fue soundtrack de noches de estudio y en transporte público, siempre funcionando como una especie de pastilla ansiolítica.

Además de las obvias referencias al sueño que contienen los nombres, letras de los temas y gran parte de su obra (la artista hasta llegó a poner en práctica una performance con el artista Jefre Cantu-Ledesma, llamada Circular Veil, una composición de ¡ocho horas! diseñada para que los asistentes durmieran), Harris genera una atmósfera onírica, etérea y por momentos también inquietante al dejar su voz en un segundo plano, como si se la escuchara desde un cuarto lejano o a través de un cassette olvidado por años en el sótano de una casa. Muchas veces las letras no se entienden, quedando tapadas por efectos de distorsión, estática y capas de guitarras. Y, al no entenderse, se siente aún más como en un sueño, como cuando te hablan y al otro día sólo recordás ecos de lo que te contaron.

En cierto momento, tras haber sido testigo en un breve lapso de tiempo de tantos momentos canónicos y traumáticos, tuve que dejar de escucharlo. Fue muy difícil para mí porque me sentí desamparada, pero escucharlo me hacía estar al borde de desfallecer. No es un disco fácil de digerir, no es un disco que escuchas camino al trabajo o para ir a merendar con una amiga, es un disco que toca en lo más profundo de tu ser y te enfrenta a sentimientos que preferirías evitar, pero lo hace con una dulzura que te obliga a escucharlo hasta el final. Una de las grandes temáticas de Dragging es el agua, y si se piensa en el cambio de marea, es un fenómeno que tiene el poder de destruir, pero también de guiarte a nuevos lugares. Esta falta de certezas y el estar ante un mundo desconocido son vitales para el proceso de escuchar los 45 minutos de canciones (y para vivir la vida, en general): soltar las expectativas y dejarse atropellar por las emociones que genere lo que escuchamos.

Y, hablando sobre el mar, da la casualidad de que recientemente compré un libro de ensayos sobre monumentos. Es un tema que me intriga porque, luego de esta relación fallida, mi vínculo con Buenos Aires cambió. Hay ciertos lugares que todavía no puedo recorrer sin vincularlos a esa persona que dejó una huella tan profunda en mí, para bien y para mal, y sentía que este libro me iba a comprender. Todavía no lo terminé, pero un ensayo de Lynne Tillman me interpeló al comparar el mar con un monumento. Me tomo el atrevimiento de traducir algunas de las partes que me parecieron más atinadas y vinculables al disco: ’‘El océano se eleva y cae, hay mareas altas y bajas; un día está calmo y tormentoso al día siguiente, rítmico pero nunca precisamente igual. Nunca falla como refugio, y su inmensidad me conforta, esa abrumadora, sin razón, inhumana, natural presencia que contiene todo’’. Al igual que el océano de Tillman, Dragging mezcla canciones melancólicas con algunas de atmósfera inquietante. A pesar de ser bastante cohesivo, algunos temas sorprenden por ese cambio de marea. También encuentro resonancia en el paralelismo del mar y el disco como un refugio que contiene todo.

En el ensayo mencionado anteriormente, la autora expresa que en sus viajes al océano aprendió que ‘‘estaba hecha para sentir cosas que yo no sentía’’, como compasión ante algunos familiares. ‘‘Iré al océano, constantemente cambiando y a la misma vez igual; iré sola, me sentaré en la arena y lo miraré. Es el mismo y no es el mismo. Soy la misma y no soy la misma. El océano está más sucio, más peligroso, hasta fatal para sus más antiguas criaturas, y los tiburones vendrán más cerca de la orilla comparado con cómo lo hacían como cuando era niña porque las personas han causado que los tiburones pierdan su hábitat natural y esto los obliga a acercarse a la orilla y sentirse perdidos en búsqueda de alimento. Pueden causar daño (…) porque ellos también están dañados. He aprendido que todo el mundo puede sentir dolor, y que todo el mundo puede causarlo’’. Al igual que me sucede con el disco, este es el mismo, pero no es el mismo; varía con el tiempo, al igual que yo. La última frase me brinda (un poco) de confort: quizás el daño que generan las personas es muchas veces inconsciente.

Créditos: Ground Control Touring Créditos: Ground Control Touring

El disco cuenta con 12 canciones y variadas transiciones impecables, en las cuales una canción se fusiona con otra, nuevamente al igual que en un sueño: las secuencias de distintos escenarios se van mezclando entre sí, y en este caso generando un resultado cohesivo. El estilo vocal susurrante y distante, letras que no se logran comprender del todo y efectos de reverb y distorsión logran construir una atmósfera melancólica, brumosa e hipnótica hasta el punto de transportarte con Morfeo.

Su primera canción, Disengaged, comienza sonando como el ruido blanco de la estática de un cassette (que vuelve a oírse en varios momentos de distintas canciones) y se va transformando en lo que puede ser el ruido de un motor en la carretera u olas que te teletransportan a una tarde-noche previa a una tormenta, cuando las nubes del cielo están tan cargadas que parecen que en cualquier momento van a explotar y derramar toda su violencia sobre la humanidad. O quizás el viaje en auto hacia el mar, por qué elegir una u otra. Este ruido va in crescendo y culmina con el piano y la voz de Harris cantando, con un tono al igual que si fuera una canción de cuna, letras ilegibles por la calidad lo-fi y que hasta el día de hoy continúan siendo un misterio. Lo cierto es que esto acentúa la idea de estar dentro de un sueño, escuchando palabras que mientras dormimos tienen sentido, pero cuando tratamos de descifrarlas estando despiertos se nos escapan de las manos y del entendimiento. Mejor así: hay cosas que deben pertenecer al inconsciente, no todo puede tener una explicación, y menos la música.

Es interesante detenerse en la traducción de disengaged y más cuando no se puede acceder del todo a las letras: puede significar ’‘desinterés’’, ’‘desconexión’’, ’‘desvincularse’’, ’‘retirarse’’… todos casi sinónimos y que pueden relacionarse con uno de los grandes temas del disco: la depresión.

Arte de tapa de Dragging a Dead Deer Up a Hill

Sentir tristeza al escuchar el disco es normal y es un reflejo de cómo se sentía Harris durante esa época: depresiva y solitaria. Escribir las letras de Dragging la ayudó a canalizar esa angustia y liberar esa energía, transformando veneno en elíxir.

El primer tema termina en una transición perfecta con el segundo: el ruido del cassette se une a una guitarra y voz dulce en Heavy Water/I’d Rather Be Sleeping. Esta es quizás la canción con la letra más pronunciada con claridad del disco, pero que tampoco deja de tener su eco fantasmagórico. En ella, se habla sobre un sentimiento que no se marcha y que toma todo el ser de la persona sin pedir permiso. Claro está, se habla sobre el amor.

On dreams I’m moving through heavy water The love is enormous, it’s lifting me up I’d rather be sleeping I’d rather fall into tidal waves Right where the deepest currents fall

La sensación de querer escapar de algo que es más fuerte que nosotros, de querer nadar contra corriente, es una temática recurrente en las letras de Harris, y en los vínculos del siglo XXI. No tiene por qué haber una correlación, pero resulta curioso que en numerosas entrevistas haya hablado sobre su infancia en la comunidad Gurdjieffian o del Cuarto Camino, donde una de las paradojas es la de enfrentarse a lo cómodo y conocido e ir en dirección opuesta a eso. De esta experiencia es que surge el nombre de su proyecto, ya que los groupers eran los participantes de esta comunidad. Harris se apropia de esta experiencia y la resignifica como algo propio.

Harris describe esa educación temprana como una llena de mensajes ocultos, paranoia y superstición. Y aunque su idea principal no sea la de transmitir mensajes solapados en letras casi ilegibles, como oyentes no dejamos de sentir que esto sucede. En muchas de sus canciones, en toda su discografía, está latente lo que Freud llama Unheimlich: algo un tanto siniestro, un elemento familiar que debió permanecer oculto, pero que resurge del inconsciente y se materializa en nuestra realidad. Creo que esta sensación ominosa se puede encontrar a nivel atmosférico en canciones como la que da nombre al disco, Wind and Snow o Tidal Wave. Son canciones en las que el rasgueo de la guitarra logra generar un clima haunting, palabra de difícil traducción al español pero que se vincula con un sentimiento persistente, que te persigue como un fantasma. Esa aparición no siempre puede ser la de un fallecido, puede ser la de un recuerdo o un sueño febril que creías olvidado.

Separaciones, muertes, encuentros, reencuentros, desencuentros, viajes, fracasos, festejos. Esas son las apariciones que se me personifican al escuchar el disco hoy en día. Es un cliché y seguro a todos les ha pasado con algún disco, pero a mí es la primera vez que me pasa (o que me doy cuenta de ello), y no deja de impactarme hasta el día de hoy que funcionen como canciones de cuna. Que este disco me haya acompañado en tantos momentos me hizo llegar a la conclusión de que es una amiga más en mi vida, alguien que me comprende y sigue mi proceso como joven adulta. Nunca me detuve a vincular mis vivencias con las letras y no lo haré en este momento, porque ya bastante personal me puse y no me agrada, pero al estar pensando en escribir sobre el cariño que le tengo al disco me di cuenta de que todas las letras se adaptan a las distintas situaciones en las que estas canciones me acompañaron. Y no solo a nivel de composición, sino también desde el título.

Su nombre, Dragging A Dead Deer Up A Hill, evoca inevitablemente al mito de Sísifo. Si se tiene en cuenta el contexto en el que fue creado, se puede hacer una analogía con la depresión: según cómo se lo mire, el ciervo puede ser la depresión que está dentro de nosotros y nos impide escalar con fluidez, o el propio cuerpo sufriendo la enfermedad, teniendo que juntar fuerzas de donde no hay más sólo para no rendirse y seguir adelante, aunque sea arrastrándote hacia la cima.

Podría hablar más del disco, pero no quiero desmenuzarlo e intentar captar algo que, como la arena que está en la playa, no se puede sostener, se escapa de mis manos. Además, son las 03:03 y ya todos deberíamos habernos ido a dormir.

Don’t get too lost in a dream world

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Tags#Indie
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Written by
Valentina Sander

English and literature teacher, and a forever journalism student.

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